Con calles empinadas y pocas explanadas llanas, contar con garaje propio es un auténtico tesoro en Madeira. Los aparcamientos subterráneos de los edificios suelen tener rampas muy pronunciadas y gálibos justos para todocaminos grandes. Lee con calma las condiciones del alojamiento para asegurarte una plaza garantizada y consultar la altura máxima del portón.