En la mayoría de los casos, los propietarios, Neil y Sonja, junto con el personal, reciben valoraciones muy positivas por su amabilidad y disposición a ayudar. Los huéspedes destacan la limpieza de las habitaciones y el buen servicio en el bar del establecimiento. Al mismo tiempo, se han registrado quejas sobre la demora para acceder a través del portón, teniendo que esperar unos treinta minutos para que lo abrieran. Algunos viajeros experimentaron una reacción estricta por parte de los dueños al intentar utilizar la zona común o conectarse a internet después de realizar el registro de salida. Asimismo, en las instalaciones viven tres perros muy amigables propiedad de los dueños.