El gran emblema de la ciudad es el imponente castillo de Nagoya. El sogún Tokugawa Ieyasu mandó construir esta fortaleza a principios del siglo XVII, y alrededor de sus murallas defensivas floreció una gran urbe. Hoy en día, este complejo arquitectónico cautiva a los apasionados de la historia japonesa y de las antiguas fortificaciones militares.
Otro rincón de inmenso valor cultural es el milenario santuario Atsuta, cuyos orígenes son muy anteriores a los del castillo. En este templo sintoísta se custodia la espada sagrada Kusanagi-no-Tsurugi, considerada uno de los tres tesoros imperiales sagrados de Japón.
Para descubrir la faceta más industrial de esta metrópoli, nada como visitar el museo de Toyota Motors. Su exposición muestra en detalle la evolución de la industria automovilística y cómo la prefectura se transformó en el motor manufacturero del país.