Muchos eligen Malorechenskoe atraídos por sus aguas templadas, sus extensas playas y su singular patrimonio histórico. La gran seña de identidad del lugar es el majestuoso templo-faro de San Nicolás, erigido en 2006 en memoria de los marineros fallecidos en el mar. Las paredes de este imponente santuario están decoradas con auténticas anclas de barcos.
Justo al lado se encuentra el Museo de Barcos Hundidos, que alberga una detallada exposición sobre grandes catástrofes marítimas. Por su parte, los apasionados de la naturaleza disfrutan explorando las enigmáticas figuras de arenisca, modeladas de forma natural por el viento y el agua del mar.
El pueblo cuenta además con una historia fascinante y cambió de nombre en varias ocasiones. Hasta 1778 los griegos lo llamaban Mikro-Potam, y desde entonces hasta 1945 se conoció como Küchük-Ozen. Curiosamente, ambas denominaciones históricas significan lo mismo: río pequeño.