El gran emblema de la gastronomía local es el Wiener Schnitzel, un generoso escalope de carne selecta que se sirve con ensalada de patatas. Para probar una receta auténtica con más de un siglo de tradición, una parada clásica es el restaurante Figlmüller. También merece la pena pedir el Tafelspitz, una cazuela de ternera hervida en un caldo muy sabroso acompañada de verduras, el contundente gulash vienés con huevo frito o la sopa de patata tradicional. Puedes degustar estos platos clásicos en Griechenbeisl, la taberna más antigua de la ciudad, donde todavía se conservan autógrafos de Mozart y Beethoven.
Si buscas un bocado rápido en la calle, la mejor opción son los puestos de salchichas Würstelstand. Las salchichas vienesas se sirven fritas, cocidas o ahumadas, a menudo rellenas de queso o bacon, y acompañadas de pan crujiente, mostaza y pepinillos.
A la hora del postre, nada supera a un Strudel templado de manzana con masa fina y nata, los barquillos vieneses o la emblemática tarta Sacher de chocolate, cuya receta secreta sigue elaborándose en el histórico Cafe Sacher. Si quieres empaparte de la genuina cultura de los cafés y tomar un melange, visitas imprescindibles son Cafe Central, Demel y Cafe Mozart. Entre las bebidas locales destacan el Eiswein, un vino dulce elaborado con uvas heladas, los aguardientes de frutas y el cremoso licor de chocolate Mozart.